
A veces, buscamos la belleza en algo etéreo o cosas coloridas y de suaves texturas, pero la belleza es relativa para cada imaginario
individual. La encontramos donde menos la pensamos si abandonamos los antiguos cánones del ser humanos.
Igual pasa con la plenitud. Esta, para muchos, se encuentra realizando un extenuante camino, pero para mí la plenitud se encuentra donde tu alma puede encontrar la paz y la belleza en pequeñas cosas. Por ejemplo, a 45 minutos del punto cero de Santo Domingo, se encuentra la famosa playa de Boca Chica. Cobijada por decenas de hoteles, restaurantes y tiendas; visitada por cientos de turistas y caminada por otros tantos vendedores ambulantes que ofrecen desde un buen ron dominicano hasta vigorosos
remedios.
Es en esta playa, de hermosos colores tropicales y besada por los rayos de un sol caribeño donde una mañana tomé una tabla de Paddle y remé. Luego de varios intentos, logré ponerme de pie y empecé a conquistar las olas. Cómo todo en la vida, hay que tener un buen equilibrio, mantener una respiración orgánica y disciplina para lograr la meta, que en mi caso era llegar hasta “La Matica”.
Es válido mencionar, que cada uno logra las metas de diferentes maneras y que cada uno vive la experiencia conforme a su voluntad. Algunos de pies sobre el paddle, otros, acostados pero siendo constantes. Luego de varios minutos mis ojos descubrieron un cardumen de coloridos pececillos siguiendo la ruta hasta que llegamos a un primer bosque de mangle y luego a otro más grande, todo bajo un hermoso cielo de sábado por la mañana. Me paré sobre la tabla y divisé tierra y aunque sabía que allí había un ensordecedor murmullo, yo estaba en un lugar de paz del cual me sentía dueño. El paddle boarding tiene varias ventajas: Equilibrio, entrena todo el cuerpo, relajación, cardio, mentalidad positiva, bajo impacto y resistencia. Y a de regreso y con la satisfacción de una meta lograda, navegué con más confianza hasta llegar a la orilla. Me quedé varias horas bajo la sombra de un
árbol, como premio abrí una botella de un ron añejado y brindé por encontrar la belleza y la plenitud en las pequeñas cosas.
